Considero que el autor, José Manuel Esteve, en el texto “La aventura de ser maestro” describe con realidad las etapas por la que pasamos todos los que trabajamos como docentes. Viene a mi recuerdo cómo fueron mis primeras clases como docente en las cuáles sin lugar a dudas estaban marcadas por todo lo que él describe, incertidumbre, temor a no saber enseñar o a cometer errores que lógicamente cometí y a la fecha aún los recuerdo con claridad. Y como él afirma nadie nos enseña a ser profesores, tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y por error. Aprender por ensayo y error se aplica a todas las áreas, recuerdo mis primeras experiencias y efectivamente la teoría está muy lejos de la realidad.
Esta lectura me ha hecho reflexionar sobre si realmente aplico en cada una de las lecciones, el valor humano del conocimiento. Esto es debido a que en estos últimos años he observado que, quizás porque tuve grupos numerosos (de 65 alumnos en cada grupo), sentí que me costaba tener paciencia con ellos, tener dominio del grupo, despertar su interés en las clases, fue realmente un desafío sin embargo creo que logré superar esa situación.
Para combatir “el malestar docente” considero que es importante tener siempre en mente que el objetivo es ser maestro de humanidad. Que siempre tome en cuenta qué les voy a aportar a los alumnos, qué espero conseguir al explicar los contenidos y luego, cómo lograr para que expresen lo que ellos saben, lo que han aprendido y lo puedan aplicar en su vida cotidiana.
Si las metas que me propongo son alcanzables, qué debo hacer para alcanzarlas. Establecer un recuento de mi experiencia para decidir qué cambios debo efectuar para mejorar.
Aún cuando actualmente estoy impartiendo materias que no son de mi perfil profesional me siento orgulloso de ser docente y trato y seguiré tratando de dar lo mejor de mí ya que tengo una gran responsabilidad al trabajar con alumnos de nivel medio superior.

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